Cómo afecta a los importadores la nueva regulación de acceso al mercado de cambios

Cómo afecta a los importadores la nueva regulación de acceso al mercado de cambios

Luego del resultado de las elecciones presidenciales, el Gobierno cambió de enfoque en el manejo de las reservas.

Si bien el dato pública y políticamente de mayor impacto fue la restricción al acceso de dólares para atesoramiento personal a un límite de US$ 200 por mes, el mayor ducto de dólares –el que abastece a la importación– tuvo una intervención menos contemplativa y, por ende, más grave.

El Gobierno reinstauró la regulación al acceso del mercado de cambios para los operadores del comercio exterior, con la comunicación “A” 6818 del Banco Central.

Es decir, volvió una restricción similar al giro de divisas para el pago de importaciones que había sido eliminada por Mauricio Macri con el levantamiento del cepo en los primeros meses de su gestión.

Planteo de los importadores

Por este déjà vu, retrospectivo a 2015, la Cámara de Importadores de la República Argentina (CIRA) debió volver a intervenir para solicitar una revisión a lo planteado por el Banco Central.

“Manifestamos nuestra preocupación por los alcances de la comunicación. Plantean tiempos y procedimientos que no se condicen con la realidad del comercio exterior y que, básicamente, son imposibles de cumplir tanto en la operativa como en la logística de las importaciones”, indicó a Trade News Rubén García, presidente de la CIRA:

La CIRA advirtió que los 90 días que exige el Banco Central para demostrar el registro de ingreso aduanero a partir de la fecha de acceso al mercado de cambios “es insuficiente e imposible de cumplimentar”.

Cuestión operativa y logística

Explican que la mercadería por importar “no siembre se encuentra disponible en stock, ni lista para embarcar, sino que debe ser fabricada especialmente para cumplir con la orden de compra del importador”.

Como ejemplo, citaron un caso de salud pública: las jeringas.

Con el cierre de la única fábrica nacional que las producía, todas las jeringas que se usan en el país son importadas. “Demora 127 días sólo la producción, y hay que sumarle un mínimo de 45 días de tiempo de tránsito del buque desde China, más los 14 días de logística de embarque en origen y desaduanamiento en la Argentina”, detallaron.

Adaptación y anticipos

Cuando se tratan de bienes de capital, insumos o bienes intermedios, muchas veces deben adaptarse a las líneas de producción locales por no tratarse de mercaderías de serie.

Lo normal, indican los operadores, es enviar “anticipos que forman parque del compromiso económico que (el importador) toma con su proveedor en el exterior”.

Respecto de la logística asociada, recuerdan que cuando los bienes se importan desde Lejano Oriente, debe considerarse “que el tiempo de tránsito está en el orden de los 45/60 días”, un tiempo operativamente muerto no contemplado por la norma.

Plazo necesario

“Es por esta razón que solicitamos extender el plazo de 90 días a 365 días, lo cual permitirá operar con normalidad y previsión a los importadores, dándole margen para tomar decisiones comerciales inteligentes y que minimicen los costos, los cuales al final de la cadena terminan pagando todos los consumidores”, indicaron.

Asimismo, destacan que el requisito planteado por el Banco Central de que el pago de la importación sea realizado al proveedor, también está reñida con la “práctica habitual” del comercio donde el proveedor suele “indicar al empresario argentino datos de cuenta y elementos para el pago” que no siempre coinciden con los del propio proveedor.

“Es por ello que solicitamos se instrumente la posibilidad de incluir en la factura comercial, una instrucción de pago donde el importador demuestre que el beneficiario del pago no es su proveedor, porque este último así se lo indicó formalmente, y donde consten los datos del nuevo beneficiario final”, manifestaron.

Deuda no comercial y financiera

Otro de los puntos que mayor duda generó entre los operadores es lo que el Banco Central entiende por “deuda no comercial” y “deuda financiera”, cuyos tratamientos, en la nueva norma, difieren.

“En un presente económico difícil, muchos importadores logran acceder a un refinanciamiento de sus deudas con el proveedor del exterior en más de una oportunidad. Pedimos que se aclare si una segunda refinanciación de una deuda es considerada comercial o financiera”, explicaron desde la CIRA.

Problema en los bancos

La incertidumbre que embarga a los operadores de comercio exterior por la vuelta de un sistema que por casi 4 años había dejado de estar en agenda toca también de cerca al sistema financiero.

Sucede que los bancos habían desarmado los equipos técnicos especialmente creados durante los últimos años del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner para atender las comunicaciones diarias del Banco Central en pleno control de cambios y cupos de importación.

Probablemente, el Banco Central tampoco contaba ni con el tiempo suficiente ni con los técnicos conocedores del comercio exterior para prever la realidad de las importaciones al redactar los términos de restricción de cambios planteados por la comunicación “A” 6818.

El pedido de la CIRA fue dirigido, entre otros, a Agustín Torcassi, subgerente general de Regulación Financiera del Banco Central; Oscar Marchelletta, gerente principal de Exterior y Cambios del BCRA; Marisa Bircher, secretaria de Comercio Exterior, y Pablo Lavigne, subsecretario de Facilitación del Comercio.