La agenda exterior de Fernandez, teñida por la crisis regional y las desavenencias con Bolsonaro

La agenda exterior de Fernandez, teñida por la crisis regional y las desavenencias con Bolsonaro

Con las elecciones a la vuelta de la esquina, si de algo se está pendiente en la previa es de la reacción que tendrá el mercado el lunes. Dólar, riesgo país y acciones son las variables que se estarán monitoreando desde el minuto cero.

Sin embargo, en las últimas horas, se agregó otro foco de atención: en un contexto de agitación social en los países de la región, la mirada está puesta en cuál será la estrategia de relaciones internacionales del gobierno de Alberto Fernández.

Es sabido que el candidato del Frente de Todos, mantiene una relación tensa y distante con Jair Bolsonaro, presidente del país que no solo es el principal socio comercial de la Argentina, sino que es con quien deberá articular la futura entrada en vigencia del histórico acuerdo entre el Mercosur y la Unión Europea.

Justo con él, a quien tildó de misógino y racista y a quien desafió visitando a Lula en tierra brasileña, hace menos de cuatro meses.

Fernández se está encargando de poner distancia con otro país clave para la Argentina, como es Chile. En las últimas horas, Alberto F. señaló la inestabilidad en la nación trasandina para pegarle a Macri, al tiempo que señaló a Sebastián Piñera por ser responsable de aplicar políticas económicas “que lastiman a los sectores más débiles”.

Todos los analistas coinciden en señalar que se vendrán horas complejas en la región. Y argumentan que la única razón por la cual no debería haber una grieta entre la Argentina y países como Chile y Brasil, sería por la necesidad concreta de hacer negocios. Es decir, que prime el peso de la agenda empresaria por sobre la agenda ideológica.

Marcelo Elizondo, ex director de Fundación ExportAr, es de los que piensa que “Brasil y la Argentina se necesitan tanto recíprocamente que es difícil imaginar una relación basada en las orientaciones ideológicas obstaculice el entendimiento entre ambos”.

Del mismo modo opinan sobre Chile, que es quien más necesita de la Argentina, no solo a nivel comercial, sino porque Piñera viene de alcanzar un acuerdo por el cual ese país tiene preferencia para recibir los excedentes de gas. Ahí Piñera tiene mucho en juego, en un contexto de crispación social justamente por el tema de las tarifas de los servicios.

Cabe recordar que la Argentina exportará gas a Chile con contratos no interrumpibles, después de 13 años, por un volumen de hasta 10 millones de metros cúbicos por día. Ahora bien, es toda una incógnita cuál será la política energética en un eventual gobierno de Alberto F. en momentos en que el candidato le viene pegando a Macri por el valor de las tarifas.

Un desentendimiento por el tema del gas, que es un recurso sensible para ambos países, podría ser un motivo de roces bilaterales de cara al próximo invierno, según plantea Raúl Ochoa, ex subsecretario de Comercio Exterior.

Tensión interna

La agenda internacional no estará exenta de conflictos, no ya hacia afuera, sino en el propio seno de la administración Fernández-Fernández.

“Vamos a asistir a un posible gobierno en el que habrá focos de tensión. No solo por temas vinculados a política económica y monetaria. También por la agenda exterior, especialmente por la gran discusión que viene, que es el acuerdo entre la Unión Europea y el Mercosur”, agrega Ochoa.

Una fuente vinculada al sector empresario y que formó parte de la gestión de Cambiemos también repara en lo complejo que le resultará a Fernández evitar que la fuerza de tensiones en sentidos contrarios termine por provocar una grieta en la estrategia de relaciones exteriores.

“Quieren acercar a una figura como Redrado, tienen a Nielsen y suena fuerte el nombre de Felipe Solá para la Cancillería, un hombre que negoció con la OMC y estuvo en las discusiones previas con la UE. Del otro lado, tienen a Axel Kicillof y, hacia abajo, a otros integrantes que atacan cualquier idea vinculada con la integración o la apertura. Son muchas voces y muy diferentes. Sin dudas habrá mucha tensión interna”, señala.

Y recuerda que Cristina, por cuidar dólares y cerrar importaciones, generó una crisis bilateral con Brasil, que llegó a cerrar las fronteras en varias oportunidades a productos de las economías regionales, como frutas y ajos.

“Ya tuvimos antecedentes de roces bilaterales y con gobiernos supuestamente afines en términos ideológicos. Imaginate con Bolsonaro”, advierte.

Brasil: roces en el horizonte

Ochoa ve dos potenciales conflictos en la agenda con Brasil, además del tema Mercosur. Y uno de ellos tiene que ver con la figura de Luiz Inácio Lula da Silva, que puede disparar un enrarecimiento del clima político.

El Supremo Tribunal Federal (STF) viene discutiendo si es constitucional que el preso más célebre de Brasil esté tras las rejas a partir de condenas en segunda instancia, como sucedió con su sentencia a ocho años y diez meses.

“Lula quiere salir limpio de esto. Y si logra la libertad con el aval de la Justicia, entonces la oposición al bolsonarismo encontrará una figura que hoy no existe”, señala Ochoa, que reconoce que un Lula libre será un símbolo demasiado tentador para un albertismo en el poder, que podría crispar aún más la relación bilateral.

Cualquier manifestación, no ya del propio Fernández, sino de algún eventual funcionario de segunda línea, para el experto, será tomada como una clara provocación hacia el actual presidente brasileño, que practica -ilustra Ochoa- una suerte de “trumpismo tropical”.

De ahí a una escalada verbal, como ya ocurrió en estos meses, hay una escasa distancia. Para el experto, es como una mecha corta que puede ser encendida por cualquier evento político, si bien también confía en que prime el pragmatismo, o larealpolitik.

El otro punto que preocupa a Ochoa es la avanzada de Bolsonaro para acelerar la baja de aranceles a las importaciones, adelantándose incluso a la entrada en vigencia del acuerdo Mercosur-UE.

“Está en pie el TLC con los europeos, hay negociaciones en curso con Corea, con Canadá… ¿qué necesidad tiene Bolsonaro de avanzar con este tema? Ahí estamos ante una clara provocación hacia Fernández”, plantea.

No es un dato menor que el mandatario brasileño, que ostenta la presidencia del bloque, decidió adelantar la Cumbre de Jefes de Estado (durante la cual se celebrará el traspaso de mando), convocándola para los primeros días de diciembre, justo antes de que asuma el próximo Presidente argentino.

Bolsonaro pretende adelantarse a una eventual llegada de AF y reducir el Arancel Externo Común de un 35% al 12% para el caso de los autos y bajarlo de un 12% a un 4% para productos e insumos estratégicos como acero o bienes de capital.

En los últimos días estuvo en Buenos Aires Rubens Barbosa, presidente del Consejo Superior de Comercio Exterior de la FIESP, la poderosa central fabril paulista. Durante su visita se reunió con algunos empresarios y con parte del think tank de Cambiemos y confirmó que la idea de Bolsonaro es avanzar con una apertura de la economía.

“El gobierno brasileño está decidido a ir en esa dirección. A los empresarios ya les dio la reforma laboral y ahora está avanzando con las reformas tributaria y previsional. A cambio, quiere más apertura”, plantean.

Todo esto, claramente, va en contra de los postulados de Fernández, que en cada reunión con industriales viene planteándoles que la prioridad será cuidar el mercado interno y no seguir regalando el mercado local.

Incluso, ya les habló a los empresarios de conceptos de volver a la administración del comercio, a los cupos a las importaciones y a regímenes como el “Compre Argentino”.

Sin embargo, hay un dato fundamental: todas estas medidas están prohibidas en la letra chica del Mercosur y la Unión Europea. De modo que esto hace prever cruces en el seno de un eventual gobierno de AF.

¿Hay riesgos para el TLC con Europa?

Lo cierto es que el acuerdo Mercosur-UE enfrenta un proceso de definiciones cargado de incertidumbres. O, mejor dicho, Fernández, será quien se enfrente a esta encerrona.

Si bien el TLC es el resultado de una negociación que duró 20 años y que atravesó a todos los gobiernos desde la era de Menem, también es cierto que el principio de acuerdo entre ambos bloques fue capitalizado por Macri, quien lo presentó como un “legado” de su gestión.

El audio del canciller Faurie, en lágrimas por la emoción, informándole al mandatario sobre la conclusión de las discusiones y la frase “Lo felicito, se logró en su presidencia”, fue la forma en que Cambiemos buscó inmortalizar ese momento.

Para los expertos, la grieta ideológica no es un argumento que, por sí solo, traiga como resultado un veto al acuerdo entre ambos bloques, con la llegada de Fernández al poder. Sin embargo, los analistas anticipan que para AF podría ser todo un desafío darle vía libre a este pacto y tener que salir a “venderlo” entre las bases, sobre todo cuando referentes como Kicillof lo tildaron de “tragedia”.

El punto clave es que la negociación concluyó y el acuerdo se toma o se deja. No hay medias tintas, ya que no es posible “abrirlo” y volver a debatir cuestiones de fondo.

Además, los expertos advierten que, por la propia arquitectura del acuerdo, la Argentina podría quedar más aislada si no acompaña a Brasil, decidido a ratificar el pacto junto con Paraguay y Uruguay.

“Fue un gran logro compatibilizar las necesidades de Brasil con Argentina y los restantes socios”, apunta la economista Diana Mondino sobre el TLC, quien recalca que sería “lamentable” que “se deteriorara por temas políticos propios de ambos países, según sea la orientación de los partidos gobernantes”.

“Cerrar la puerta a nuestros vecinos no puede ser una buena práctica”, acota.

Ahora bien, ¿cómo sigue la negociación? Básicamente, según Alejandro Perotti, profesor de la Universidad Austral y miembro del estudio jurídico Alais & Torres Brizuela, detalla que tras el proceso que demande avanzar la redacción final del acuerdo, vendrá una segunda etapa, que consistirá en traducir el tratado a los 24 idiomas de los países que forman parte de la UE y a las otras dos lenguas correspondientes al Mercosur.

Una vez alcanzada esta etapa, deberá ser firmado por los presidentes de todos los países. Y, en el caso del Mercosur, tras esa rúbrica, el Ejecutivo deberá enviar el proyecto de ley para que sea aprobado por el Congreso.

“Todo este proceso puede demorar varios meses. Si todo sale según lo previsto, estamos hablando de que esto ocurriría a fines de 2020 o a principios de 2021”, plantea Perotti. Es decir que el tema, deberá definirlo Alberto Fernández.

“Este tema no tiene chances de ser tratado dentro de este período de sesiones, y debe ser aprobado en el Congreso Nacional, tanto en Cámara de Senadores como en Diputados con mayoría absoluta de los miembros de cada Cámara”, afirma aiProfesional la diputada nacional Fernanda Vallejos.

Superada esta etapa en el Congreso, el proyecto volverá a manos del Ejecutivo para que sea ratificado y entre en vigencia.

Para Perotti, el punto crucial para que avance este TLC no está tanto en el rol que pueda tener la etapa legislativa sino en el papel del próximo Presidente.

En el caso del Mercosur, si hay un mandatario que se opone a firmarlo, entonces “sí se corre el riesgo de que caiga el acuerdo. Y esto sería muy negativo porque se estarían arrojando a la basura 20 años de negociaciones y podría provocar un cisma dentro del bloque, que luego de estar absolutamente congelado logró avanzar en una misma dirección para alcanzar este TLC con Europa”. “Esta es la etapa que más temor me genera”, reconoce Perotti.

¿Y qué chances hay de que la negociación se estanque o no prospere en el Congreso? En primer lugar, Fernández presidente es quien envía el proyecto al parlamento, es porque claramente hay voluntad política de que avance.

En segundo lugar, Elizondo agrega que “buena parte de lo acordado en el TLC es beneficioso para las economías regionales. Y ahí van a estar muchos de los gobernadores de las principales provincias pujando para que se apruebe”.

Un dato clave es que, en la arquitectura del pacto se acordó que el TLC entre en vigencia apenas uno de los países del Mercosur lo ratifique, para evitar que un gobierno utilice su aprobación como carta de negociación.

“Se creó un mecanismo para que, cuando en un país el acuerdo obtiene luz verde, sus empresas puedan comenzar a beneficiarse de cupos y desgravación arancelaria, sin tener que esperar que las otras naciones lo ratifiquen”, agrega Perotti, quien subraya que “el primer país en ratificar el acuerdo será el primero en beneficiarse”.

Son numerosos los productos y materias primas para los cuales se prevén fuertes desgravaciones: habrá 99.000 toneladas de carne vacuna con arancel preferencial del 7,5% (a repartirse entre los frigoríficos de los cuatro países del Mercosur), unas 60.000 toneladas de arroz que entrarán al 0%; 180.000 toneladas de carne aviar, también al 0% y 45.000 toneladas de miel, también completamente desgravadas.

A este listado se suman otros productos clave para diversas provincias que obtendrán beneficios para acceder al mercado europeo, tales como vinos, etanol, frutas y pescados. Es decir, productos con mucho peso en provincias comandadas por gobernadores peronistas.

“El acuerdo es muy beneficioso para las economías regionales. Esto será un incentivo para que los gobernadores apoyen el acuerdo en el Congreso”, plantea Elizondo, dejando en claro que las oportunidades de negocios tendrá demasiado peso como para que una postura ideológica tire por la borda 20 años de negociaciones.