Economías regionales, más allá del dólar, la productividad como herramienta clave

Economías regionales, más allá del dólar, la productividad como herramienta clave

El Alto Valle de Río Negro y Neuquén es reconocido por su producción de manzanas, y peras. Las características del suelo y clima, y el histórico valor humando de la región, generaron que estos productos sean altamente valorados en el mundo por su calidad (y su cantidad).

Sin embargo, en los últimos años, la región se vio afectada por diversas crisis económicas que provocaron una caída en las exportaciones y ventas en el mercado interno, que sin dudas repercutieron fuertemente en la industria.

Pero no todo es negativo en la fruticultura del Alto Valle: un número creciente de jóvenes profesionales –de segunda y tercera generación- vuelve de lleno a la actividad, valiéndose de herramientas y tecnología de vanguardia, para incrementar la producitivdad y trabajar en la mejora de calidad.

Jorge Cervi, titular de Mario Cervi e Hijos, una de las empresas productoras más importantes de la zona. El ejecutivo explica que “la producción frutícola se ha caracterizado por una clara orientación en la producción de manzanas y peras con destino al consumo en fresco, con un fuerte perfil exportador a lo que se agrega una importante presencia en el mercado interno”.

Cabe destacar, que para llevar adelante la producción, el empaque y conservación y la comercialización la industria cuenta con una infraestructura enorme que incluye plantaciones y sistemas de riego, pero también programas y maquinaria de mantenimiento de planta y cosecha, líneas de empaque, y procesamiento y equipos de frío muy complejos, para los que la tecnología resulta cada vez más importante.

Respecto de la tecnología y herramientas de vanguardia, una incorporación clave en estas empresas son las plataformas robotizadas que transitan las líneas de las plantaciones trasladando a quienes podan y ralean primero y cosechan meses después, agilizando así los tiempos y mejorando las operaciones evitando golpes en de las frutas.

Una vez en la planta de empaque, la selección de fruta se realiza de forma manual y/o a través de potentes computadoras que clasifican los productos por categorías, de acuerdo a su condición general, tamaño e intensidad de color. Luego las peras y manzanas pasan a los frigoríficos, donde los controles de temperatura y niveles de humedad y oxígeno -atmósferas contraladas- se erigen como variables clave.

Pablo Kleppe, gerente general de Kleppe, es otro joven parte de esta nueva generación -tercera en su caso- de productores. Pablo aclara que “hoy el negocio frutícola requiere de alta especialización, capacidad de logística y volumen de oferta para lograr un posicionamiento adecuado frente a una demanda cada vez más exigente y a una competencia creciente: frutas de todo tipo y de distintos orígenes”. Para el experto, “la profesionalización y tecnificación de la industria resultan fundamentales en los últimos años”.

Otro jóven profesional especializado es Nicolás Sánchez, CEO de Grupo Prima (Patagonian Fruits y Moño Azul). Nicolás habla de “otros tiempos”, y remarca que “a todo lo que hicieron nuestros padres y abuelos, ahora sumamos maquinaria, tecnología y profesionalización”. La fruticultura del Alto Valle de Río Negro y Neuquén actual incluye master y post grados en negocios, ingenieros, especialistas en RRHH, marketing, comunicación e informática.

Para culminar, Sánchez, hace hincapié en “otras manzanas y otras peras” respecto a las que se producían hace 30 años. Y cita el ejemplo del “consumo orgánico que ya no es una moda ni un boom pasajero, sino una tendencia consolidada en el mundo, y Argentina no es la excepción”.

La región cuenta con una marcada amplitud términca (día-noche, verano-invierno) y un clima seco que genera condiciones ideales para la generación de cultivo orgánico. Gracias a este contexto y a desiciones concretas y específicas de los empresarios locales, Agrentina –Río Negro y Neuquén- es uno de los líderes mundiales de producción y exportación de manzanas y peras orgánicas.

“Además, no solo obtenemos frutas sanas, también cuidamos el medio ambiente y las personas que en él se desempeñan”, remarca Sánchez.

En el Alto Valle, practicamente la totalidad de las producciones cuentan con certificaciones como BPA (Buenas Prácticas Agrícolas y de Manufactura), Global GAP (Programa de aseguramiento líder de Buenas Practicas Agrícolas a nivel internacional), Infoam (cultivos orgánicos) e IRAM (Gestión de la Inocuidad Alimentaria), entre otras.

Por último, se destaca que Río Negro y Neuquén hacen que Argentina sea el primer productor de peras y el cuarto de manzanas del Hemisferio Sur, y resulta fundamental el aporte que la industria hace a las economías de dichas provincias en particular, y a la del país en general.