Cuarta Revolución Industrial. La industria 4.0 perfila el futuro del comercio global

Cuarta Revolución Industrial. La industria 4.0 perfila el futuro del comercio global

Con el auge de la automatización de las operaciones, los factores diferenciales se basarán en el servicio al cliente, la velocidad y la eficiencia en los negocios.

Hacia fines del siglo XVIII los protagonistas de la Revolución Industrial no pudieron proyectar, e incluso temieron, el impacto que imprimiría la innovación en los modos de producción, consumo y distribución, y cómo reaccionaría el ámbito del trabajo ante el nuevo orden. Aunque los paradigmas han cambiado, la incertidumbre sobre el avance de la tecnología en el empleo se reaviva.

“La capacitación permanente es la clave para mantenerse en pie en un segmento tan competitivo como el de tecnología”, asegura Luis Robbio, CEO de Belatrix Software, una empresa de Mendoza que encontró en el comercio exterior una oportunidad para resurgir tras la crisis de 2001, y en los últimos años no hizo más que crecer en el segmento fintech. Hoy cuenta con cinco pisos en un edificio en el Distrito Financiero de Lima, Perú; oficinas en Bogotá, Colombia, y en Silicon Valley, Estados Unidos.

“Nos ayudó muchísimo la ley de promoción de software, que nos permitió pagar menos impuesto a las ganancias; bien utilizadas estas herramientas son geniales porque pudimos reinvertir en la empresa y crecer”, cuenta Robbio. Elogia también el nuevo régimen de promoción de la economía del conocimiento, pero pone énfasis en la educación, que, según analiza, “no está acompañando las oportunidades que se presentan en el mundo”. Y explica que las carreras vinculadas al desarrollo de software son “garantía para el proceso donde la automatización destruye y crea trabajo, pero con otro nivel”.

En la misma línea, Aníbal Carmona, presidente de la Cámara de la Industria Argentina del Software (Cessi), expresa que las universidades deberán aggiornarse a más de 170 nuevas carreras vinculadas a la economía del conocimiento para dar respuesta al nuevo modelo que surgirá de la transición del “capitalismo al talentismo”.

Luis Galeazzi, director ejecutivo de Argencon, agrega que la Argentina exporta el 40% de su producción de conocimiento frente al 4% de Brasil, y destaca que este segmento de la economía “convierte talento en bienes exportables y genera lo que más necesita el país: empleo y dólares”.

El dato más inquietante, al intentar proyectar, es que los empleos que se demandarán en el futuro aún no existen, algunos se revertirán por completo y otros mutarán o quedarán obsoletos. “El desafío es complejo, ya que no solo hay que pensar en profesiones que aún no están desarrolladas, sino que tampoco existen demasiadas pistas sobre las capacidades que se van a requerir para poder cumplir con los empleos que generará la Cuarta Revolución Industrial”, describe Ignacio Sánchez Chiappe, director de la Escuela de Supply Chain Management y Logística (IEEC).

Sánchez Chiappe augura que lo que mandará es el servicio al cliente junto con la velocidad y cercanía para brindarlo. “En Europa y Estados Unidos hay una preocupación real y ampliamente extendida en definir, o al menos tratar de aproximarse, a lo que serán los perfiles laborales necesarios”, cuenta, y opina que “es tan profundo el cambio que por ahora lo único que realmente puede servir es una actitud infatigable de no quedarse atrás”.

Emma Fontanet, docente y gerenta del departamento de Promoción del Comercio Internacional de la Fundación ICBC, entiende que las oportunidades en torno al comercio exterior son amplias y están en continua transformación, no solo por el impacto de las nuevas tecnologías, sino por la carga cultural de cada región del continente. Por eso apuesta a los “conocimientos prácticos” y coincide sobre la presencia cada vez más fuerte de los servicios propios del comercio exterior, como de los que surgen a su alrededor. “Ya no es tan fácil vender un producto solo porque tiene buena calidad y precio, sino que hay que trabajar mucho, y utilizar efectivamente las herramientas que brinda la tecnología, sobre el valor percibido, el marketing y la comunicación”, expresa.

“Todas las tecnologías vinculadas a llegar cada vez más cerca del cliente final, aquellas que colaboren en hacer más eficientes los procesos logísticos y operativos, son las que debemos conocer y manejar para desarrollar nuestro negocio de una manera más competitiva”, dice. Y, en ese punto, se ancla el e-commerce, “una oportunidad para las pymes que se insertan en los negocios internacionales, así como también para aquellas que luchan por mantenerse en entornos cada vez más competitivos”, observa.

La clave para insertarse en el nuevo orden de las operaciones internacionales será entender que, para mantenerse relevantes, los profesionales deben estar reinventándose. “La carrera que uno haga no define, como antes, cuál va a ser su área de trabajo, por eso, la formación va a tender a desarrollar las habilidades que esa persona ya tiene y sus valores para hacer una diferencia”, plantea Mara Schmitman, CEO de Schmitman HR.

Fernando Terrile, director de Airaldi SHC, asegura que para cubrir puestos en el área de exportación e importación las empresas cada vez más solicitan gente con experiencia en determinados sistemas de gestión. “Estos conocimientos -aclara- no se adquieren en las universidades, lo que genera un bache para los recién egresados”, dice, y añade que “el comercio exterior es un rubro con muchos intermediarios y la tecnología tiende a eliminarlos, poniendo al alcance del usuario el flujo de información”. Por eso, “las nuevas generaciones van a tener que ser centauros, es decir, hombre y tecnología unidos”, apunta.

“La automatización ya está cambiando y va a cambiar la logística para siempre, igual que a otras industrias que tienen patrones claros y predecibles”, advierte Tomás Escobar, CEO de Acámica, y destaca que el machine learning “permitirá encontrar mejores rutas de envío, mejorar las ventas, eficientizar costos y prevenir fraudes a una velocidad y con una precisión envidiable”.

Las operaciones logístico-portuarias contemplan los nuevos escenarios

“Un rasgo que caracteriza a los oficios y profesiones vinculados al comercio internacional son los protocolos internacionales, que en la mayoría de los casos regulan las actividades. En el caso del Agente Marítimo Internacional, hace tiempo venimos tecnificando nuestro trabajo en todas las tareas, sean documentales, operativas o comerciales”, destaca Julio Delfino, presidente del Centro de Navegantes.

Lo anterior hace que la competencia sea perfeccionada a su máxima expresión. “Por el lado operativo, a través del seguimiento satelital de los barcos, y respecto del cliente, saber en tiempo real la posición de su carga sin necesidad de llamar a nadie”, agrega, aunque aclara que la planificación adecuada de una recalada sigue recayendo en el factor humano y en el know how necesario del agente profesional. “Ya se puede experimentar la conveniencia de esta modernización, que minimiza el error humano y eficientiza el trabajo de todos los actores involucrados; aceptarlo e incorporarlo implica un desafío”.

En operaciones logístico-portuarias, “las tecnologías que se están incorporando son aquellas que apuntan a brindar mayor seguridad en el traslado, la trazabilidad en el origen y destino de la mercadería y agilidad y eficiencia en la operatoria, como sucede con el blockchain”, cuenta Gonzalo Mórtola, titular de la Administración General de Puertos (AGP S.E.). “En esta línea, Puerto Buenos Aires se encuentra en el proceso de implementación de un Port Community System (en licitación) que facilitará los trámites que los usuarios deben realizar en distintos organismos estatales”, añade. Además, agrega que se está avanzando en la utilización de medios de transporte con mayor nivel de carga, pero más amables con el ambiente bajo programas globales. “Toda la tecnología que surge necesita quién la maneje, arregle y se ocupe de mantenerla; ahí encontramos nuevas carreras, nuevos puestos de trabajo, por eso, creemos en la capacitación permanente”, dice Mórtola.

“Toda tecnología produce desplazamientos”, asume Julio González Insfrán, delegado de Navegación Interior de la Federación Internacional de Trabajadores del Transporte (ITF), y repasa que, cuando apareció la máquina a vapor, el transporte marítimo y fluvial -que funcionaban a vela- llevaba cerca de 100 tripulantes. Con el tiempo se redujo esa cantidad de personal, pero surgieron nuevos oficios. “En el mundo se está discutiendo el uso de embarcaciones autónomas para el transporte de cargas, por eso, lo que hay que hacer es adaptarse y evolucionar”, señala, pero destaca la necesidad de generar políticas de desarrollo industrial con tecnología de punta y leyes que acompañen y protejan al trabajador ante “la desocupación que genere la robótica”.

“Los nuevos conductores navales van a tener que manejar vehículos propulsados a hidrógeno y gas natural licuado, y eso requiere una formación específica que en alguna medida se está generando por parte de los gremios y algunas empresas”, concluye.